viernes, 24 de marzo de 2017

CONICET: Ciencia para qué . El recorte en el CONICET


Diego Hurtado
http://www.revistaanfibia.com/ensayo/ciencia-para-que/

El “Plan Barañao”, lanzado en 2013, tenía como meta el aumento del ingreso de investigadores al CONICET “a un ritmo del 10% anual”. Un recorte en los fondos destinados a la ciencia dejaba a científicos y becarios fuera del consejo. Después de una semana de protestas y un principio de acuerdo, Diego Hurtado, doctor en Física y miembro del directorio de la Agencia Nacional de Promoción Nacional de CyT en el Ministerio de Ciencia y Tecnología, recorre la historia del CONICET y propone un debate sobre qué tipo de conocimiento necesita un país como Argentina y cómo planificar la formación de técnicos, ingenieros y científicos sociales y naturales.


Entre las promesas de campaña, Mauricio Macri explicó que el crecimiento de las actividades de investigación heredado del kirchnerismo iba a sostenerse. En este caso único y excepcional la pesada herencia se reconocía virtuosa. También sostuvo que iba a sostener el incremento paulatino en el sector de ciencia y tecnología hasta alcanzar el 1,5%, una proporción semejante a lo que invierte un país como Irlanda. Como referencia, digamos que los gobiernos kirchneristas habían pasado de poco menos del 0,4% al 0,6% y que Brasil invierte 1,15%; China 2,1%; Estados Unidos 2,7% y Corea del Sur, 4,3%. Es decir, estábamos en la mitad del río.   Sin embargo, a contramano de todas las promesas, en el presupuesto nacional aprobado por el Congreso para 2017, Ciencia y Técnica cayó un 18% respecto del presupuesto para 2016. Irónicamente, los servicios de deuda pública se incrementaron en más de un 85%. Si además se considera que la actividad industrial cayó un 5% en 2016, hoy la proa del país apunta con esmero hacia el subdesarrollo.   El primer impacto de estos “números” deja sin trabajo a 500 investigadores jóvenes que, en promedio, llevan siete años financiados por el CONICET con becas de formación doctoral y posdoctoral. De los aproximadamente 900 becarios recomendados para ingresar a la carrera de investigador del CONICET, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) solo tiene fondos, dice, para financiar el ingreso de 400. Ahora bien, detrás de los casi 500 becarios que pueden quedar en la calle en 2017 vienen en fila india más de 9.000 becarios que hoy avanzan en sus investigaciones doctorales y posdoctorales y que esperan ingresar a la carrera de investigador de CONICET en los próximos años.   Y esto es así porque había un plan. Y el ministro Lino Barañao fue quien lo impulsó. Y el actual presidente de CONICET, Alejandro Cecatto, era secretario de Barañao cuando se diseñó esta política pública. Ambos aparecen en YouTube, de corbata flamante y gesto verosímil, cuando Cristina presentó, en marzo de 2013, el Plan Argentina Innovadora 2020 o, digamos como homenaje, el “Plan Barañao”. El ministro explicaba en el acto de presentación que habían participado de la elaboración del programa “más de 300 profesionales de todo el país”. “Nunca antes se ha hecho un esfuerzo tan riguroso”, aseguraba sin reírse y remarcó que había “metas claramente definidas”.   Veamos la meta de la discordia del “Plan Barañao”. En castellano prístino se lee: “Se apuntará a la federalización de los recursos humanos priorizando el 25% de las vacantes del CONICET en aquellas regiones del país con escaso desarrollo científico-tecnológico y a incrementar el ingreso de personal a esta institución a un ritmo del 10% anual”. Es este insoportablemente kirchnerista “10% anual” el que transforma a Barañao y a Cecatto en las pesadas herencias de sí mismos. No hace falta calculadora. Si en 2016 el CONICET tiene aproximadamente 9200 investigadores de carrera, la expresión “10% anual” significa que en 2017 deben ingresar alrededor de 920 becarios a la carrera de investigador de CONICET. Y esta cifra no es arbitraria. El “Plan Barañao” la fundamenta. Tratemos de avanzar, entonces, en comprender los fundamentos de este “10% anual”, que el presidente del CONICET negó en el programa de televisión de Marcelo Zlotogwiazda del 12 de diciembre y que el periodista Claudio Martínez tuvo que leerle, dando lugar a una de las escenas más penosas que registra la ciencia argentina: un así llamado presidente de CONICET que para salir del paso comienza a denostar la institución que preside.   Una trayectoria institucional larga y sinuosa   El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) fue creado por decreto-ley 1291, promulgado el 5 de febrero de 1958. Su proyecto fue concebido por un grupo de científicos liderados por el fisiólogo y premio Nobel Bernardo Houssay, que asumió como presidente vitalicio hasta su muerte en 1971.   El objetivo original del CONICET era organizar y fortalecer la investigación en las universidades –aumentar la dotación de docentes- investigadores a tiempo completo de aquellas “personas que hayan mostrado capacidad en la realización de investigaciones y en la formación de discípulos”– y promover estándares internacionales de calidad para la producción científica, además de criterios para la asignación de recursos. También se le dio la potestad de autorregular sus actividades. Desde el comienzo, se puso en marcha un programa de becas, destinadas a la formación de investigadores –tanto en el país como en el extranjero–, un programa de subsidios para investigaciones específicas, adquisición de equipos e instrumental, repatriación, contratación de investigadores extranjeros y viajes al exterior.   Si bien la “carrera de investigador” se inicia en 1961,su sentido inicial era un suplemento salarial para fortalecer la dedicación completa a la investigación y la docencia en las universidades. El 23 de mayo de 1973 –dos días antes de la asunción del gobierno de Héctor Cámpora– se sancionó una ley que aprobaba un nuevo estatuto para las carreras del investigador científico y del personal de apoyo del CONICET, como los conocemos hoy. Entre otras cuestiones, a partir de esta ley, los investigadores y el personal de apoyo pasaban a tener estatus de personal civil de la administración pública nacional.   Los sucesivos golpes militares, junto con sus pretensiones refundacionales –expresión grandilocuente que se traduce como “desguace del Estado y sus instituciones”– produjeron sucesivas distorsiones y discontinuidades en las políticas que orientaron al CONICET. Citemos un ejemplo. A comienzos de los años setenta, el CONICET tenía 13 institutos propios. Al final de la dictadura, en 1983, pasó a tener 116 institutos y 7 centros regionales. Este proceso fue acompañado por actividades de malversación de fondos de algunos funcionarios de la dictadura y de un crecimiento desproporcionado de la superestructura administrativa. El saldo era su desvinculación de las universidades.   Con la vuelta a la democracia, en diciembre de 1983, el CONICET apenas superaba los 2000 investigadores. El gobierno de Raúl Alfonsín se propuso eliminar del CONICET las dinámicas autoritarias heredadas de la última dictadura y recuperar sus vínculos con las universidades. También reconocía“ la irrupción del problema tecnológico” y, mientras asumía la “tremenda importancia”de la investigación básica”, se comprometía a “hacer un gran esfuerzo para aumentar la investigación tecnológica”. En ese momento era claro que los resultados logrados en los laboratorios universitarios o institutos no eran demandados por el sector privado. Por eso aparecía como un problema urgente la vinculación de la actividad de investigación al sector productivo. Una de las iniciativas principales de este período fue la creación, en marzo de 1984, del área de Transferencia de Tecnología.   Sin embargo, estas iniciativas fueron impulsadas en un contexto de crisis económica, deuda externa y escaso financiamiento. Según el sociólogo Enrique Oteiza, el objetivo del gobierno de Alfonsín de “articular e integrar las políticas científicas y tecnológicas con el resto de las políticas de desarrollo económico y social” no fue posible por la propia evolución de la economía argentina. Tampoco se pudo cumplir el objetivo de “establecer un régimen sobre la importación de tecnología y asegurar su efectiva absorción y adaptación a las condiciones sociales”, explica Oteiza, dado que era incompatible con las políticas de liberalización y desregulación de la economía.   Con la llegada de Carlos Menem a la presidencia en 1989, los recambios que se produjeron en las autoridades de la SECyT y el CONICET iniciaron un período de luchas ideológicas cruentas. Como parte de los diagnósticos de los organismos financieros internacionales que comenzó a promover la “revolución cultural” neoconservadora, en 1993, un informe del Banco Mundial, titulado Argentina. From Insolvency to Growth, recomendaba la privatización del CONICET. Decía este informe: “El CONICET y la Fundación Miguel Lilio deberían ser privatizados, resultando en 5.639 posiciones abolidas del presupuesto público”. En paralelo, las políticas de “achicamiento del Estado” producían una fuga masiva de cerebros: los jóvenes se iban del país, los más viejos se acogían al “retiro voluntario”.   Una novedad institucional crucial tuvo lugar a mediados de 1996, cuando se crea la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT), iniciativa que iba a modificar drásticamente los mecanismos de financiamiento de las actividades de CyT en la Argentina. La creación de la ANPCyT, sostenía el gobierno de Menem, respondía a la necesidad de contar con un organismo dedicado exclusivamente a la promoción, sin instituciones propias de ejecución de actividades de CyT, como era el caso del CONICET.   En la actualidad se están produciendo varias tesis de maestría y doctorado sobre este período, que intentan comprender las dinámicas de enfrentamientos entre la ANPCyT y el CONICET durante los años noventa y el cuasi-equilibrio que ambas instituciones finalmente alcanzaron. Si bien este es un debate abierto, una década más tarde a su entrada disruptiva en escena, la ANPCyT se transformó en una pieza central para el diseño y ejecución de recursos de financiamiento para el sector de CyT y para fomentar su articulación con el sector privado.   A comienzos de 2000, Dante Caputo, secretario de Ciencia y Tecnología del gobierno de Fernando De la Rúa, sostuvo que su propósito era consolidar los vínculos entre las universidades y el CONICET. Los nuevos miembros de la carrera del investigador debían obtener un puesto en alguna universidad y, a cambio, recibirían del organismo un suplemento de dinero sobre su salario universitario. Aquellos que fallaran en el plazo de cuatro años perderían su cargo en el Consejo. El status de aquellos investigadores que ya pertenecían a la carrera permanecería inalterado, salvo que voluntariamente decidieran pasar al nuevo régimen.   El CONICET se había vuelto demasiado burocrático, argumentaba Caputo, y la reforma propuesta daría mayores oportunidades e incrementaría la movilidad de los investigadores jóvenes. Muchos interpretaron que esta iniciativa destruiría la estructura de la carrera del investigador. La rápida reacción de la comunidad científica hizo que este plan no pudiera ser implementado y que Caputo se volviera a dedicar a las relaciones internacionales.   En la Argentina neoliberal de los años noventa dominó en el sector de CyT una contradicción esencial. Por un lado, se hablaba de la necesidad de involucrar a las universidades, al CONICET y al resto de las instituciones públicas de CyT en el “mundo de los negocios”, pero en un ecosistema económico que no exigía una orientación hacia un proyecto de país al sector empresarial, que a su vez no demandaba conocimiento local. Las empresas trasnacionales traían la tecnología de sus casas matrices y los grupos concentrados nacionales se dedicaban a la soja o al procesamiento de materias primas. Por eso, la revolución neoliberal de los noventa no necesitaba ni científicos, ni tecnólogos. Ni siquiera necesitaba técnicos, por eso clausuró los colegios industriales de nivel medio. La crisis terminal de 2001 terminó de arrasar lo poco que quedaba.   Maldito “10% anual”   Vimos que al inicio del gobierno de Alfonsín el CONICET tenía poco más de 2.000 investigadores. Casi veinte años más tarde, cuando asume Néstor Kirchner, el CONICET tenía apenas 3.500 investigadores y 2.200 becarios. De la trayectoria relatada en la sección anterior se puede inferir el estado de los laboratorios, de su equipamiento o de la infraestructura. Pero el gobierno de Kirchner trajo una novedad: por primera vez desde que la última dictadura inició la destrucción de la industria nacional, un gobierno decía que iba a poner en el centro de su política económica un proyecto de país industrial. Y los economistas que estudian desarrollo económico saben, porque es la gran enseñanza del siglo XX, que el proceso de crecimiento y diversificación de los sectores industriales demanda conocimiento científico y tecnológico.     Y también saben cuáles son los obstáculos que deben superar los países en desarrollo como la Argentina. Una de las mayores dificultades es la presencia de capitales concentrados y empresas trasnacionales junto con las presiones de los organismos internacionales para que se adopten formas institucionales, marcos regulatorios y medidas económicas ajenas a la propia realidad socio-económica. Para enfrentar estas presiones se necesita un Estado inteligente, robusto y con la legitimidad política para negociar con –y/o disciplinar a– los poderes económicos que no quieren jugar el juego de la democracia. Y el conocimiento que necesita un Estado para sus políticas públicas lo producen las ciencias sociales, las mismas que motivaron que Domingo Cavallo mandara a los científicos del CONICET a lavar los platos.   Y acá llegamos finalmente al punto. Este proyecto de país industrial, que además quiere ser inclusivo, necesita un sistema educativo en expansión, que proyecte qué tipo de conocimiento se necesita y, por lo tanto, cuáles serán las áreas de mayor demanda para planificar la formación de técnicos, ingenieros y científicos sociales y naturales. En este contexto se crea a fines de 2007 el MINCyT, asume Barañao como ministro y Cecatto queda al frente de una de sus secretarías. Y mientras ambos construyen un ministerio desde cero, en 2010 el CONICET ya tiene poco más de 6000 investigadores y una población creciente de becarios.   Entonces se comienza a trabajar en el “Plan Barañao”, que concluye que la Argentina debe alcanzar en 2020 una población de 5 científicos, tecnólogos y becarios cada 1.000 habitantes de la población económicamente activa (PEA), cifra muy razonable para un país en desarrollo. Y así llega el CONICET a fines de 2015, con 9.200 investigadores y 10.000 becarios, población que acompaña el logro de haber alcanzado los 3 científicos, tecnólogos y becarios cada 1.000 habitantes de la PEA. Hasta este punto, podemos decir sin titubear que el período 2003-2015 es lo mejor que le ocurrió a la ciencia y a la tecnología argentinas desde 1810.   Pero entonces asume la presidencia Mauricio Macri y Barañao, casi de rodillas, jura a la comunidad científica que va a continuar con el “Plan Barañao”. En alguna nota o entrevista confiesa sentirse un equilibrista del Cirque du Soleil. Hasta acá no es otro Diego Bossio, sino algo así como un hábil garrochista de “la grieta”. La gran falacia que difunde sin decirlo es que un proyecto de país neoliberal, desindustrializador, que apuesta al agro, a la minería y a los flujos especulativos necesita la misma ciencia y tecnología que un país industrial que se orienta a la justicia social.   Durante 2016, en un clima de inflación y déficit fiscal sin obra pública, Barañao y Cecatto hicieron como si todo siguiera igual. Y entonces, cuando llegó fin de año y debían ingresar 900 becarios a la carrera de investigador, Barañao nos explica lo siguiente: “[…] No hay ningún país que con un 30 por ciento de pobreza esté aumentando el número de investigadores como lo está haciendo la Argentina”. ¿Cómo? Espere…Es al revés… La pobreza desde el siglo XIX se combate con inversión en educación, ciencia y tecnología y se coordina con el crecimiento industrial… Esa frase, señor ministro es del siglo XVIII. Ya no se sostiene ni siquiera en el siglo XIX.   ¿Pero qué dice Cecatto, finalmente el presidente de la institución de marras? Lo hizo ante Zlotogwiazda y Martínez: “Yo no tengo registro de que diga el plan específicamente 10 por ciento de incremento… no creo que lo diga en esos términos”. Y lo que sigue en este programa es para una escena de Los Hermanos Karamazov, cuando algún personaje se humilla a sí mismo y el lector descubre las profundidades insondables de la miseria humana.   ¿Qué otro final entonces que la indignación de la comunidad de científicos y tecnólogos y de parte de la sociedad? Especialmente de los jóvenes, que creyeron en estos funcionarios y que planificaron sus vidas a partir de la garantía que supone una política de Estado, que no es ni kirchnerista ni macrista, porque fue consensuada en democracia. Quienes tomaron el edificio del ministerio durante algunos días son, en su mayoría, jóvenes que decidieron hacer ciencia y tecnología en la Argentina y que no quieren volver a figurar en la lista de los cerebros fugados por políticas de subdesarrollo. - See more at: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/ciencia-para-que/#sthash.vPxiFF0r.dpuf

Antecedentes del Dr. Diego Hurtado
datos académicos
Título/s
Doctor en Ciencias Físicas
Licenciado en Ciencias Físicas
Categoría
INV ADJUNTO
Disciplina científica
Historia, Geografía, Antropología Social y Cultural
Historia, Geografía, Antropología Social y Cultural
Disciplina desagregada
HISTORIA-DE LAS CIENCIAS
Campo de aplicación
Ciencia y cultura-Ciencia y tecnologia
Prom.Gral.del Conoc.-Cs.Exactas y Naturales
Especialidad
Historia social de las ciencias en la Argentina, siglo XX
Tema
Construcción de contextos institucionales para las prácticas de investigación y desarrollo en la Argentina: ideologías científicas, poder político y sentidos culturales
Lugar de trabajo
CENTRO DE EST.DE HISTORIA D/L/CNCIA."JOSE BABINI" -
ESCUELA DE HUMANIDADES -
[UNSAM] UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTIN - 

jueves, 16 de marzo de 2017

CONICET: "El apoyo a la ciencia debe empezar a ser una política de Estado".Entrevista del año 2003 a del Bono

El ingeniero Tulio Del Bono afirmó que quiere aumentar el presupuesto desde 2004
Nora Bär LA NACION  05 DE JUNIO DE 2003
Horas después de asumir sus funciones frente a una audiencia multitudinaria, que desbordó el Salón Leopoldo Marechal del Ministerio de Educación y aplaudió a rabiar, el despacho del ingeniero y máster en gestión de organizaciones Tulio Del Bono, flamante secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación, bulle de actividad.
"Aunque tengo sesenta años y soy abuelo, me corre la adrenalina como a los veinte", confiesa sonriendo. Del Bono, ex rector de la Universidad de San Juan, donde dictaba la cátedra de Economía en la Facultad de Ingeniería, ex diputado provincial e integrante de los equipos técnicos del presidente Kirchner "de la primera hora", tendrá en sus manos la suerte de un sistema científico que, como el país, necesita tratamiento intensivo.
El ingeniero Tulio Del Bono, en su despacho de la Secretaría de Ciencia. Foto: LA NACION / Jorge Bosch
-¿Cuáles van a ser sus primeras medidas?
-Tenemos dos objetivos principales: primero, fortalecer el sistema y, segundo, mejorar la pertinencia, es decir, la adecuación de la oferta científica a la demanda real del país. Queremos superar la histórica desintegración de las instituciones científicas locales. En la Argentina no se obtienen los rendimientos que uno desearía porque la actividad está muy fragmentada. Hay duplicación de esfuerzos. Tenemos que articular todas las unidades del sistema, mejorar la relación con las universidades y de todo esto con el Estado y con la sociedad.
Por otro lado, en la nueva sociedad del conocimiento el factor más importante es el recurso humano, que nosotros trataremos de fortalecer, formar y capacitar.
-¿Se van a ofrecer más becas de ingreso en el sistema?
-Hay que poner mucho esfuerzo en esto. Necesitamos un recurso humano de excelencia y mejorar la pirámide etaria. Ya estuve en el Conicet, donde me atendieron maravillosamente, y uno de los temas que hablamos es éste. Urgentemente hay que volver a abrir la carrera, para que ingrese gente, pero también hay que mejorar los salarios, porque si no vamos a estar formando investigadores para que se vayan. ¿Cómo se mejoran salarios? De dos formas: por un lado con recursos del Estado, y por otro mejorando los mecanismos que hacen a la transferencia de servicios -como el derecho de propiedad intelectual- para que parte del resultado vaya al propio investigador.
Además, acá estamos trabajando con equipamiento en muchos casos obsoleto. Tenemos proyectos de buenos edificios, de buenas instalaciones, que queremos incorporarlos dentro del plan de infraestructura del doctor De Vido.
-¿A qué se refiere cuando menciona que el sistema científico deberá repensar su pertinencia?
-Quiero decir que nuestra oferta científica no ha tenido nunca como contrapartida una buena demanda. O sea, la sociedad no está organizada para demandar al sistema científico, el que demanda el sistema científico no es el más necesitado, sino el que está organizado para demandar. Me parece muy bien que la ciencia responda a la demanda de un empresario. Ahora, ¿cómo hace el sistema científico para escuchar la demanda de un necesitado, de un marginal, de un chagásico? Esta demanda hay que organizarla.
-Algunos temen que tras la insistencia en la pertinencia se esconda la voluntad de privilegiar la investigación aplicada...
-En absoluto. Es la Unesco la que habla de calidad y pertinencia. Consiste en adecuar la investigación a las necesidades concretas. Pero si yo quiero atender las necesidades concretas tengo que hacer ciencia pura. Desde este punto de vista, la ciencia pura es tan pertinente como la aplicada o la tecnología. Hay un ejemplo que se cita mucho: cuando Faraday descubrió las leyes que llevan su nombre, las que regulan el electromagnetismo, no tenía idea de para qué servían. Después vino un innovador que dijo ¡eureka!, con esto puedo hacer algo. De nada sirve que nosotros tengamos la mejor ciencia si no tenemos empresarios innovadores. El sector productivo tiene que entender que en el corto plazo puede competir con un dólar alto, pero en el mediano y largo plazo la única forma de competir en serio es con innovación.
-¿Qué posibilidad hay de que se aumente el porcentaje del PBI dedicado a la ciencia?
-Llegar al uno por ciento del PBI, como sugiere la Unesco, es más que duplicar la inversión actual. Es un objetivo que puede alcanzarse en tres o cuatro años. Pero la otra cuestión es que, cuando lleguemos al uno por ciento, nuestra inversión en relación con el PBI va a ser la tercera parte de lo que invierte EE.UU. Después no nos quejemos de que Argentina está como está... Pero recordemos que en los EE.UU., gran parte de la inversión está en manos de particulares. Nuestra responsabilidad es hacer que el apoyo a la ciencia y la tecnología sean una política de Estado, asumida por la sociedad como una cuestión vital.
-La Argentina tiene otorgado un crédito del BID de tres millones de dólares por el que se están pagando intereses y que no se ejecuta...

-Una de las primeras cosas que haré es solicitarle al ministro que en la primera reunión de gabinete plantee este tema, que destrabe el crédito.

miércoles, 15 de marzo de 2017

CONICET: Comentarios a la DECLARACION DE (DOS) DIRECTORES CONICET

DECLARACION DE (DOS) DIRECTORES CONICET


Mediante la Ciencia el ser humano conoce al mundo, satisfaciendo su necesidad de entender cómo y porqué funcionan las cosas. Esta actividad debiera ser absolutamente libre.

Mediante la Tecnología y la Innovación, el ser humano aprovecha su conocimiento sobre el mundo para intentar solucionar problemas o aprovechar oportunidades. Esta actividad debiera ser regulada porque las consecuencias de la intervención humana pueden ser buenas o malas.

¿Quién regula y cómo lo hace? En Democracia regula la sociedad a través de sus representantes en el Estado y lo hace por medio de Leyes y Planes Estratégicos de Ciencia, Tecnología e Innovación, en función de promover el bienestar general.

El CONICET fue creado en 1958 para entender en temas de Ciencia (de allí la C) y de Tecnología (de allí la T). Sin embargo, por distintas razones siempre tuvo una actividad más preponderante en las cuestiones científicas que en las tecnológicas. Además esas actividades siempre estuvieron concentradas en las grandes ciudades del país, relegando a buena parte del interior.
Nota: el país ha tenido desde sus albores una matriz productiva basada en la actividad agrícola-ganadera y su industria además de incipiente  está tecnológicamente atrasada. Hay que mencionar que numerosos presidentes del CONICET han sido médicos o investigadores de las ciencias biomédicas. El mismo Dr. Salvarezza, un nanotecnólogo: ¿ logró modificar esa situación? La Dra. Marta Rovira que antes de ser Presidenta del CONICET fue investigadora del instituto de Astronomía y Física del Espacio: ¿pudo modificar esa situación? Recordemos que ambos Presidentes del CONICET anteriormente mencionados fueron designados a propuesta del Dr.Baranao.

La República Argentina posee desde hace unos cinco años un Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación, elaborado en forma muy participativa por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de ese entonces.

En una reunión del 15 de febrero próximo pasado un grupo importante de Directores del CONICET (¿Cuántos de los directores votaron a favor de ésta decisión?) tomamos la decisión de que en los próximos ingresos a la Carrera de Investigador del Organismo la mitad de esos ingresos sean para dedicarse a actividades científicas “libres” y la otra mitad sean para dedicarse a actividades consideradas estratégicas, las que pueden ser científicas, tecnológicas o de innovación. Además resolvimos que por lo menos el 30% de estos ingresos sean para radicarse en el interior argentino más desatendido.

Esta decisión ha generado una incomprensible reacción en algunos sectores del mundo de la ciencia argentina, que viene realizando todo tipo de acusaciones que nos vemos en la necesidad de responder, para evitar equívocos innecesarios.

En primer lugar debemos reiterar que nuestra decisión respondió a dos propósitos: hacer las actividades del CONICET más equilibradas entre lo científico y lo tecnológico y de innovación y hacerlas también más equilibradas en cuanto a su distribución geográfica.

En respuesta a algunas de las acusaciones que nos han realizado por tomar esta decisión, debemos aclarar que hemos manifestado nuestra preocupación por la restricción presupuestaria, muy especialmente en lo que se refiere a gastos de funcionamiento. Hoy día el 95% del presupuesto asignado se destina a salarios y solo el 5% para funcionamiento. Nuestros esfuerzos estarán centrados en incrementar el porcentaje del 5%. También le hemos dicho al Sr. Ministro, Dr. Lino Barañao, que era imperioso designar a los Drs. Salvarezza y Laborde en el Directorio.

Nota: es sabido de las serias discrepancias existentes entre el anterior Presidente del CONICET y el actual ministro. El primero integra una entidad que se ha manifestado plenamente en desacuerdo con la política científica del actual gobierno. Por otro lado no queda claro cómo podría acceder el Dr. Salvarezza al Directorio del CONICET, cuando los cargos son electivos.
Dicho esto queremos referirnos a la preocupación hecha pública de un sector de la comunidad científica sobre la decisión nuestra de destinar el 50% de las vacantes de los ingresos a la CIC para el próximo año a “temas estratégicos" y tecnología. ¿Por qué "preocupa" que comencemos a hacer algo que cualquier país del mundo haría, sobre todo cuando los fondos disponibles no son infinitos? ¿No sería más preocupante que planteemos que el 100% de los temas sean "libres", o sea que con los dineros del pueblo se financie una actividad científica que quede librada, exclusivamente, a las inquietudes, aspiraciones, curiosidades e intereses del sector científico?

También preocupa al mismo sector de la comunidad que las presentaciones a temas estratégicos y tecnológicos sean evaluadas por una comisión “ad-hoc” integrada mayoritariamente por expertos que no pertenezcan al CONICET. Los que critican esta decisión afirman que "todo el sistema de ingreso a la CIC está basado en criterios disciplinarios de validez internacional "y que estos criterios disciplinares verticales "han permitido resultados excelentes". Creemos que hay un error: los criterios disciplinares son verticales, se enfocan en paradigmas científicos y, en general, son inamovibles (si no se cree en esto, recuerden lo que le pasó a Galileo cuando intentó salirse del paradigma dominante); los criterios estratégicos, en cambio, son horizontales (transversales) se enfocan en resolución de problemas y aprovechamiento de oportunidades de interés general y son variables con el tiempo y las contingencias del entorno. Los países más civilizados del mundo hace ya rato que aplican un mix de criterios verticales y horizontales, que es lo que el Directorio del CONICET intenta hacer ahora. Se podría admitir que se pretenda dejar todo igual, sin modificación alguna, si los mecanismos de evaluación hubieran demostrado ser eficaces, como dicen. Luego de décadas de aplicar esos mecanismos de evaluación, lo que se ha logrado no es para vanagloriarse. Citamos algunos ejemplos:

         80% de todos los investigadores miembros de la CIC están concentrados en las megalópolis argentinas, con un interior despoblado de investigadores.
Nota: los sucesivos Directorios del CONICETT no han modificado esta situación, por motivos que no quedan claros, pero que sin dudas se deben a una confluencia de factores, entre ellos que los becarios se forman y se doctoran en los grandes centros urbanos, principalmente en la ciudad de Buenos Aires donde trabajan más de 5000 de los empleados del CONICET (administrativos, becarios, técnicos e investigadores)

         Los Doctores que se reciben con el sistema de becas del CONICET solo tienen posibilidades de ingreso laboral a la CIC, ya que ninguna otra repartición u organismo, público o privado, los demanda.
Nota: hay que recordar que el actual Ministro cree que los becarios que este año no ingresaron a la Carrera del investigador pueden ser asimilados por la industria, universidades, etc. Desconocemos cuántos de los becarios de años anteriores han ingresado a la industria, universidades, etc. ¿Existen estadísticas al respecto?

Se proclama, desde algunos integrantes de las ciencias sociales, que los temas estratégicos son un potpurrí de cuestiones definidas según escalas y criterios heterogéneos, que además dejan afuera áreas enteras del conocimiento científico". Debemos recordar que los "temas estratégicos" fueron definidos en forma muy participativa en el Plan "Argentina Innovadora 2020" hace unos cinco años y desde ese entonces están publicados en la página del MINCyT, a la que todo investigador debiera acceder periódicamente. ¿Recién ahora viene a advertir tantas falencias como denuncian? Por otra parte varios temas estratégicos son pertinentes a las ciencias sociales entre los cuales se pueden mencionar política y gestión de la ciencia, tecnología e innovación, desarrollo social y productivo, educación, seguridad ciudadana y otros que lo son colateralmente como agricultura familiar, hábitat, ambiente y desarrollo sustentable. Además los temas estratégicos pueden ser abordados desde las disciplinas más básicas hasta las más aplicadas.


Solicitan también los que critican nuestra decisión que los temas estratégicos "se revisen y se pongan en debate con la participación de los principales actores de sistema". Nos parece una propuesta excelente. Como ya dijimos, la característica de los temas estratégicos es que son variables con el tiempo y las circunstancias, por lo que deben ser revisados periódicamente. Pero de todos modos, eso no debiera cambiar ni paralizar la decisión del Directorio de CONICET de que al menos el 50% de los ingresos a la CIC deben ser por "temas estratégicos" a partir de ahora, aunque estos temas puedan y deban cambiar en el tiempo. De lo contrario se estaría repitiendo el "viejo truco" de los que quieren que nada cambie: cada vez que se intenta un cambio, ellos, en lugar de oponerse al mismo (tal vez para no pasar por conservadores), proponen que las cosas se debatan con participación de todos; obvio, esos debates duran años (décadas) y en el ínterin todo sigue igual. Reiteramos que esta cuestión de los temas estratégicos ya se debatió en profundidad cuando se elaboró el Plan "Argentina Innovadora 2020". Ahora es momento de aplicarlos, aún admitiendo que esos temas son actualizables y perfectibles: solo hay una cosa peor que un Plan deficiente; es no tener ninguno. Tenemos un Plan, apliquémoslo, y vayamos revisándolo periódicamente para actualizarlo y perfeccionarlo, pero sin paralizarnos.

Algunos denuncian que con nuestra decisión intentamos poner a los investigadores al servicio de las empresas privadas. Nada más absurdo: si los investigadores se abocan a cuestiones estratégicas correctamente definidas, estarán trabajando al servicio de los intereses del pueblo; en particular las tecnologías de inclusión social, que son transversales, deberían jugar un papel fundamental.

Finalmente, con estos argumentos pretendemos instalar el debate que todos nos debemos, para tratar de tener una mejor actividad de Ciencia, Tecnología e Innovación para un mejor país.


Ing. Tulio Del Bono
 Miembro del Directorio CONICET propuesto por el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología. Ex Secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación durante la gestión de Néstor Kirchner.

Dr. Miguel A. Laborde

Miembro del Directorio CONICET propuesto por la Gran Área de Ciencias Agrarías, Ingenierías y Tecnología.

Vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET.

Leer también a continuación la entrevistaa del Bono   brindada a Nora Bar de La Nación  cuando éste asume el cargo de Secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación,(junio del 2003).


Entre las funciones que desempeñó el Ing. Tulio del  Bono en distintos organismos e instituciones mencionamos: ex rector de la Universidad de San Juan, donde dictaba la cátedra de Economía en la Facultad de Ingeniería, el de Secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación,(junio del 2003), Ministro de Ciencia y Tecnología de la Provincia de Córdoba ex diputado provincial y también  diputado nacional. Además, en el sector privado, fue Socio Gerente de la empresa Cauco SRL (productora de uvas y olivos).
Fue integrante de los equipos técnicos del presidente Kirchner "de la primera hora".
Posteriormente fue designado  Secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación del gobierno de San Juan, Ing. Tulio del Bono fue elegido para cumplir funciones como representante del Consejo ante el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas –CONICET. 
Según cita el Decreto Nacional 2349/2015, “los representantes de los máximos organismos responsables de la ciencia y la tecnología de los Gobiernos Provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires… proponen al Ingeniero Tulio Abel del Bono, quien reúne los antecedentes curriculares necesarios para ocupar el cargo vacante.
De esta manera, el funcionario sanjuanino compartirá el directorio del máximo organismo de ciencia y tecnología del país, cargo que es ad-honorem y totalmente compatible con sus funciones de Secretario de Ciencia y Técnica de San Juan. Su nueva función la ejercerá viajando una vez cada 15 días a Buenos Aires, a participar de las sesiones del CONICET.

miércoles, 8 de marzo de 2017

La UBA, entre las 50 mejores carreras de diseño, sociología y antropología del mundo

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Es sabido que un cierto porcentaje de los  profesores universitarios de la UBA son también investigadores de las Carrera del Investigador del CONICET, y que muchos de ellos reciben subsidios de la Agencia del MINCyT para financiar sus investigaciones.
Me pregunto: ¿Se transfieren esos conocimientos derivados de la investigación científica a los alumnos de las carreras de Biología, Cs.  Exactas, Meteorología, Oceanología, Medicina, Genética, Bioquímica, Ingeniería, etc.? ¿Y si se transfieren porque no redunda en mejores carreras universitarias?

¿Qué porcentual de los profesores de las cuatro carreras
ranqueadas son Investigadores de la Carrera del Investigador del CONICET?


¿Por qué ninguna de las carreras de las ciencias denominadas “duras” figura en el ranking?

Clarin08/03/2017 
Se conocieron  los resultados del estudio QS de universidades que mide la calidad por disciplinas.

La Universidad de Buenos Aires (UBA) sigue creciendo en los rankings globales que miden la calidad de las universidades. El año pasado había quedado en el selecto grupo de las cien mejores del mundo: en el puesto 85 y liderando la región en la medición de la consultora inglesa QS. Ayer, esa misma consultora desglosó cómo está cada una de las universidades en las diversas disciplinas, y la UBA quedó entre las primeras cincuenta -de entre 4.438 universidades- en Arte y Diseño (31º), Antropología (38º), Lenguas Modernas (dentro del ámbito de Filosofía, en el 38º) y Sociología (47).
El de QS es uno de los cuatro rankings globales de universidades que se realizan año tras año, y que están ganando cada vez más influencia política y presencia en los medios. A diferencia de otros, como el de Shanghai (de China) y el CWUR (de Arabia Saudita), el rankings QS (junto al Times, también inglés) le asigna un gran peso a lo que llaman la “reputación institucional”, que está basada en encuestas de percepción. Rankings como los de Shanghai y el CWUR, en cambio, construyen sus medicioens dándole mayor peso a datos más “objetivos”, como la cantidad de profesores con premios Nobel o papers publicados.
Pabellón III  dela UBA donde se dictan las carreras de Arquitectura, etc, en la Ciudad Universitaria. 
Los rankings no pueden traducir en números el verdadero impacto que tienen las universidades en la sociedad. A pesar de eso, son na medida que se usa cada vez más en todo el mundo y estar tan bien posicionados es para nosotros un orgullo. En diseño, por ejemplo, estamos por arriba del Politécnico de Milán”, le dijo a Clarín Alberto Barbieri, el rector de la UBA.
Además de las cuatro disciplinas que quedaron en el top 50, la UBA también se ubicó entre los puestos 51 y 100 en Filosofía, Agricultura y Ciencias Forestales, Educación, Historia, Derecho, Anatomía y Fisiología. “En el 70% de las disciplinas estamos entre las cien mejores del mundo. Y esto es muy destacable en un contexto en el que la universidad pública necesita más presupuesto y se reclama por la calidad de la educación”, dice Barbieri.
La UBA no fue la única universidad argentina que figura en el nuevo ranking de QS. Hay otros casos a destacar, como la Universidad de Palermo, que quedó en el puesto 39 en Arte y Diseño. Además, las universidades nacionales de Córdoba y La Plata figuran entre los puestos 251 y 300 en Sociología, y la de La Plata se ubica, además, entre los puestos 151 y 200 en Agricultura y Ciencias Forestales.
Como siempre, universidades de los Estados Unidos e Inglaterra como Harvard, Oxford, Cambridge, Stanford y Massachusetts Institute of Technology (MIT) encabezan en prácticamente todas las disciplinas.
QS elabora su “Ranking Mundial de Universidades por Temática” sobre la base de cuatro parámetros: reputación académica (basada en encuestas de percepción), reputación del empleador (lo mismo), cantidad de citas en papers científicos y, finalmente, un índice que mide la productividad y el impacto de las investigaciones, basado en los papers más citados por otros científicos y la cantidad de papers citados. QS aclara que la ponderación de cada uno de estos parámetros varía de acuerdo a la disciplina que se esté midiendo. Por ejemplo, en medicina la publicación de papers tiene una alta ponderación, que llega al 25% del ranking.


La Universidad de Buenos Aires (UBA) sigue creciendo en los rankings globales que miden la calidad de las universidades. El año pasado había quedado en el selecto grupo de las cien mejores del mundo: en el puesto 85 y liderando la región en la medición de la consultora inglesa QS. Ayer, esa misma consultora desglosó cómo está cada una de las universidades en las diversas disciplinas, y la UBA quedó entre las primeras cincuenta -de entre 4.438 universidades- en Arte y Diseño (31º), Antropología (38º), Lenguas Modernas (dentro del ámbito de Filosofía, en el 38º) y Sociología (47).
El de QS es uno de los cuatro rankings globales de universidades que se realizan año tras año, y que están ganando cada vez más influencia política y presencia en los medios. A diferencia de otros, como el de Shanghai (de China) y el CWUR (de Arabia Saudita), el rankings QS (junto al Times, también inglés) le asigna un gran peso a lo que llaman la “reputación institucional”, que está basada en encuestas de percepción. Rankings como los de Shanghai y el CWUR, en cambio, construyen sus medicioens dándole mayor peso a datos más “objetivos”, como la cantidad de profesores con premios Nobel o papers publicados.
Los rankings no pueden traducir en números el verdadero impacto que tienen las universidades en la sociedad. A pesar de eso, son na medida que se usa cada vez más en todo el mundo y estar tan bien posicionados es para nosotros un orgullo. En diseño, por ejemplo, estamos por arriba del Politécnico de Milán”, le dijo a Clarín Alberto Barbieri, el rector de la UBA.
Además de las cuatro disciplinas que quedaron en el top 50, la UBA también se ubicó entre los puestos 51 y 100 en Filosofía, Agricultura y Ciencias Forestales, Educación, Historia, Derecho, Anatomía y Fisiología. “En el 70% de las disciplinas estamos entre las cien mejores del mundo. Y esto es muy destacable en un contexto en el que la universidad pública necesita más presupuesto y se reclama por la calidad de la educación”, dice Barbieri.
La UBA no fue la única universidad argentina que figura en el nuevo ranking de QS. Hay otros casos a destacar, como la Universidad de Palermo, que quedó en el puesto 39 en Arte y Diseño. Además, las universidades nacionales de Córdoba y La Plata figuran entre los puestos 251 y 300 en Sociología, y la de La Plata se ubica, además, entre los puestos 151 y 200 en Agricultura y Ciencias Forestales.
Como siempre, universidades de los Estados Unidos e Inglaterra como Harvard, Oxford, Cambridge, Stanford y Massachusetts Institute of Technology (MIT) encabezan en prácticamente todas las disciplinas.
QS elabora su “Ranking Mundial de Universidades por Temática” sobre la base de cuatro parámetros: reputación académica (basada en encuestas de percepción), reputación del empleador (lo mismo), cantidad de citas en papers científicos y, finalmente, un índice que mide la productividad y el impacto de las investigaciones, basado en los papers más citados por otros científicos y la cantidad de papers citados. QS aclara que la ponderación de cada uno de estos parámetros varía de acuerdo a la disciplina que se esté midiendo. Por ejemplo, en medicina la publicación de papers tiene una alta ponderación, que llega al 25% del ranking.